Cambio climático y patógenos

Cambio climático y los patógenos

La relación entre el cambio climático y los patógenos es cada vez más peligrosa. Se ha demostrado que el cambio climático agrava los efectos de más de la mitad de los patógenos humanos conocidos, como recoge El Mundo.

En los últimos años los científicos y las científicas han puesto gran empeño en estimar el impacto que tiene el cambio climático en todo tipo de ámbitos. Por supuesto, también en el de las enfermedades infecciosas. En este sentido, los estudios se han centrado en conocer cómo ciertos grupos específicos de patógenos se ven afectados por las variaciones climáticas. Por ejemplo, por el incremento de las olas de calor o las inundaciones. Además, han querido estimar cómo afectan estos factores a los tipos de transmisión.

Resultados del estudio sobre el cambio climático y los patógenos

Un estudio publicado este lunes en la revista Nature Climate Change supone una de las primeras aproximaciones completas a esta problemática. Un equipo de investigadores norteamericanos y suecos han realizado un análisis sistemático de la literatura científica sobre el tema. En concreto, se trata de 3.213 artículos en los que 286 enfermedades patógenas humanas se relacionan con 10 acontecimientos climáticos, como la sequía o el aumento de las temperaturas.

Si hablamos de datos concretos, este análisis muestra que el 58% de los patógenos que han afectado a la humanidad están empeorando por peligros climáticos. «De ellos, 277 se vieron agravados por al menos un peligro climático y sólo nueve disminuyeron por los cambios en el clima global». Por otro lado, «los eventos climáticos que más influyen en el comportamiento de los patógenos son el aumento de las temperaturas (que implica un aumento en 160 enfermedades), así como los cambios en el régimen de precipitaciones (122), las inundaciones (121) y la sequía(81)».

«Los factores biológicos, ecológicos, medioambientales y sociales que contribuyen al éxito de la aparición de una enfermedad patógena humana son numerosos», explican los autores, «pero en el nivel más básico, dependen de que un patógeno y una persona entren en contacto, y de la medida en que la resistencia de las personas se vea disminuida, o el patógeno se vea reforzado por un peligro climático».

 

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