La sostenibilidad ya no es solo una palabra bonita que aparece en los informes anuales. En 2025, las reglas del juego han cambiado, y las empresas tienen que tomárselo en serio. ¿La razón? Nuevos estándares de reporte que buscan que las compañías sean más claras, responsables y transparentes sobre su impacto en el planeta y en la sociedad.

¿Qué está pasando exactamente?

Desde este año, en Europa entra en vigor la CSRD (Directiva de Reporte de Sostenibilidad Corporativa), que obliga a miles de empresas a contar con más detalle cómo afectan al medio ambiente, cómo tratan a sus empleados, y cómo gestionan los riesgos sociales y éticos. Para hacerlo, deben seguir los ESRS (Estándares Europeos de Reporte de Sostenibilidad), que son una guía paso a paso para saber qué contar y cómo hacerlo.

Y para que no sea un salto al vacío, se ha lanzado una especie de “versión simplificada” temporal, que permite a las empresas centrarse en los temas más urgentes (como emisiones de carbono o condiciones laborales) y dejar para más adelante los más complejos, como biodiversidad o cadena de suministro.

¿Y fuera de Europa?

El movimiento es global. En muchos países están apareciendo nuevas leyes y marcos de reporte:

  • En Estados Unidos, hay debates sobre si las empresas deben reportar sus emisiones y riesgos climáticos, aunque el panorama político lo complica.
  • En Asia, países como Japón y Nueva Zelanda están lanzando sistemas de comercio de emisiones y leyes climáticas.
  • En Latinoamérica, México empieza a exigir reportes de sostenibilidad obligatorios, siguiendo el ejemplo europeo.

Además, hay un esfuerzo por unificar criterios a nivel mundial. El ISSB (International Sustainability Standards Board) está creando estándares globales que muchas empresas ya están adoptando, para que no tengan que hacer reportes distintos en cada país.

¿Qué significa esto para las empresas?

En pocas palabras: toca ponerse las pilas. Las organizaciones deben:

  • Revisar qué información ESG ya tienen y qué les falta.
  • Priorizar los temas más urgentes que exige la normativa.
  • Crear un plan para cumplir con todo de aquí a 2027.
  • Y sobre todo, integrar la sostenibilidad en su estrategia, no solo como una obligación, sino como una oportunidad para mejorar y diferenciarse.

¿Por qué debería importarnos?

Porque estos cambios no solo afectan a las empresas grandes. Poco a poco, los proveedores, clientes y hasta los consumidores van a exigir más transparencia. Saber cómo se produce lo que compramos, cómo se trata a los trabajadores, o qué impacto tiene una empresa en el medio ambiente, será cada vez más relevante.